viernes, 21 de marzo de 2008

Cuando no hay trabajo

Se ha escrito mucho acerca de lo que sucede con la gente que no tiene o se queda sin trabajo, pero cuando esa situación nos toca de cerca no hay palabras que alcancen para definir las sensaciones que surgen cuando nos quitan un medio para sostener a nuestras familias y el hogar. Los empresarios ya no son como antaño que con solo dar la mano ya se firmaba un contrato de trabajo y ahí quedaba señalado que uno era el patrón y el otro el trabajador. A fin de mes o según correspondiera se cobraba y allí terminaba el cuento.
También creo que había más respeto y los códigos eran diferentes. A nadie se le ocurría tutear por ejemplo al jefe. Hoy en día todo eso ha cambiado. Nos tuteamos con los jefes, salimos a tomar algo y en eso se ha avanzado, pero cuando las cuentas no cierran, esa semi amistad se deja automáticamente de lado y la carta de despido llega sin tener en cuenta ninguna de las confesiones entre copas que podamos haber hecho.
Es una pena y se causa un gran dolor. Más cuando hoy en día muchos licenciados y gentes con estudios o gran experiencia profesional se ve obligada a volver a casa y a comenzar de nuevo en trabajos que nada tienen que ver con lo suyo. Creo que todos tenemos amigos con estudios que están trabajando de algo totalmente diferente a lo que estudiaron e inviertieron tanto tiempo.
Algunos se escudan en defender esto en que existe casi una cuestión darwiniana de selección natural donde prevalencen sólo los más fuertes. Pero de alguna manera me niego a creer eso porque muchas veces no se dan ni siquiera las oportunidades para demostrar la valía de una persona.
Cuando toca ir a la oficina de empleo a inscirbirse para ver cuál será el próximo destino y que nuevas habilidades hay que desarrollar para ganar algo de dinero, el mundo parece desmoronarse y no hay consuelo para esa persona. Sencillamente porque es muy complicado encontrar un trabajo a la medida. Ya no digo lo de trabajar pocas horas y ganar mucho, sino un empleo que permita vivir más o menos dignamente.
En esto tendrían que decir mucho los políticos y aún más los empresarios, pero claro como ellos son lo que tienen el mango por la sartén pues sencillamente creo que les da igual. Sólo veo a un presidente preocuparse por un desempleado en cuanto a cifras que hablan mal de su gestión y que puden ser utilizadas por la oposición para molestar en los medios de comunicación. O la cara de un desempleado ante un empresario, que pareciera son de otro mundo porque no tienen la más mínima compasión.
Hace poco hablaba del stress como un gran problema de nuestro tiempo, pero el tema de conseguir un trabajo en condiciones creo que es otro de los grandes retos a los que se enfrenta la humanidad en este siglo XXI. Y lamentablemente pareciera que los desempleados en este sentido están arrojados a la buena de dios y lo que es peor, psicológicamente abatidos y agotados porque su situación no se arregla.